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viernes, 17 de abril de 2026

Vilabici: gastar por gastar… o pensar un poco

Hay proyectos municipales que parecen condenados a vivir eternamente en fase de “ahora sí”. En Villarreal tenemos uno de manual: el famoso servicio de bicicletas públicas, llámese Vilabici, Bicivila o como toque este año.

Años de anuncios, partidas presupuestarias, promesas de relanzamiento… y un resultado que, siendo generosos, podríamos calificar de discreto. Siendo realistas: inexistente.

Y, sin embargo, ahí sigue. Como esos electrodomésticos que no funcionan pero seguimos enchufando por si acaso.

Ahora, con los nuevos presupuestos, vuelve la idea de “darle un impulso”. Traducido al castellano: más dinero público para un modelo que no ha demostrado funcionar.

La pregunta es inevitable: ¿de verdad el problema es que no se ha gastado suficiente?

Quizá el error no está en la ejecución, sino en el planteamiento.

En lugar de insistir en un sistema de bicicletas públicas que requiere:

  • compra de flota,

  • instalación de bases,

  • mantenimiento continuo,

  • gestión externalizada,

¿por qué no darle la vuelta al modelo?

Propongo algo mucho más sencillo: destinar ese mismo presupuesto a financiar la compra de bicicletas a los vecinos, con una condición clara: que se adquieran en comercios y talleres de Villarreal.

¿Qué se conseguiría?

Primero, lo evidente:
el dinero se quedaría en el pueblo. No se iría a grandes empresas concesionarias, sino que alimentaría directamente al pequeño comercio local.

Segundo:
se incentivaría la actividad económica real. Más ventas, más reparaciones, más talleres. Incluso la posibilidad de que nuevos negocios abran.

Tercero:
se acabaría el agujero del mantenimiento público. La bicicleta, una vez adquirida, pasa a ser responsabilidad del usuario.

Y cuarto, no menos importante:
la gente cuida lo que es suyo. No es lo mismo una bici “de todos” que, en la práctica, no es de nadie, que una pagada con tu dinero.

Una financiación con sentido común

Evidentemente, no se trata de regalar bicicletas.

El comprador debería asumir una parte del coste. Lo suficiente como para garantizar que quien la adquiere realmente la quiere y la va a usar.

Para quienes no puedan afrontar ni siquiera ese importe, el Ayuntamiento podría facilitar un sistema de microcréditos a bajo interés, con devolución en cuotas asumibles.

Es decir: ayuda, sí. Pero con responsabilidad.

Menos foto y más eficacia

Frente a esto, el modelo actual insiste en lo de siempre: infraestructura, contratos, gestión externa… y resultados dudosos.

Porque el problema no es montar estaciones de bicicletas. El problema es conseguir que la gente use la bicicleta.

Y para eso, quizá sea más efectivo poner una bici en cada casa que una base vacía en cada esquina.

La gran pregunta

¿Queremos un servicio que salga bien en la foto… o una política que funcione de verdad?

Porque, a estas alturas, seguir invirtiendo en lo mismo esperando resultados distintos no es insistencia.

Es otra cosa.

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