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lunes, 15 de junio de 2020

Difícil papeleta tiene el Gobierno

Enfrentarse a una hoja de papel con una idea que plasmar es muy sencillo, lo malo es encontrar las palabras que conformen las frases adecuadas para que esa idea no ofenda a nadie, ya que, por suerte, en España hay gentes de todas las ideologías y opiniones.

Llevamos unos días en que, como el coronavirus, que nos ha atacado tan violentamente, va perdiendo intensidad, el gobierno va mirando más de frente a la economía.

En este sentido, España, como el resto de países, ha quedado muy tocada, quizás más que los de nuestro entorno.

Europa, haciéndose eco de esta apremiante situación, ha dispuesto una serie de ayudas, de índole económicas, en forma de préstamos, de los que España parece ser que va a ser una de las principales beneficiarias.

Quisiera hacer algunas consideraciones sobre este tipo de ayudas, que por desgracia no podemos, ni debemos despreciar.

En primer lugar y a pesar de que una gran parte de la ayuda será a fondo perdido, en forma de subsidios, es decir, que no habrá que devolver, otra parte será en forma de ‘préstamo’, y como todo con todo préstamo se nos exigirán una serie de garantías y condiciones de devolución.

Todo esto, pendiente de la aprobación, que cuenta con la oposición de una serie de países como son Países Bajos, Austria, Suecia y Dinamarca, más favorables a que todo el montante sea a través de préstamos reembolsables, o sea, que haya que devolver.

En cualquier caso, es sabido por cualquiera que se haya preocupado por la economía familiar, que desde el momento en que se contrae una deuda, los gastos deben limitarse en la medida suficiente como para poder genera un ahorro mínimo equivalente a los intereses más la amortización exigida a cada periodo.

Debido a que España ya estaba endeudada, de hecho es de los países más endeudados del mundo, es muy posible (no me he parado a buscar la información), que estemos a punto de superar el importe de PIB.

¿Que significa esto?, Si el PIB representa el montante de todos los bienes y servicios que se producen en un país, o sea, la riqueza que se genera en él. Con este dinero se debe hacer frente a todos los bienes y servicios que nos llegan desde fuera de nuestras fronteras, que importamos, además de todos los gastos sociales que generamos y por supuesto, el pago de intereses y amortizaciones de los préstamos comprometidos, es fácil pensar que la Balanza de Pagos nos es bastante desfavorable.

Con un nivel de gasto que supera con creces el de los ingresos, es imposible pensar en la posibilidad de ahorrar, por lo que, el único camino es el de incrementar la deuda.

Mal camino, a no ser que se tenga un buen plan para detener esta caída libre que permita revertir esta situación.

Se puede incrementar la deuda, como medida para conseguir mayor nivel de inversión extranjera, que genere empleo y que prevea, por una parte incrementar el PIB y por otra disminuir las importaciones, es decir, equilibrar la Balanza de Pagos, hasta ponerla a nuestro favor.

La actual crisis, ha puesto de manifiesto una serie de faltas en nuestro sistema sanitario, o al menos eso se echan en cara los políticos, porque este no ha sido capaz de absorber todas las necesidades que la pandemia ha requerido, y el sistema ha colapsado, por otra parte, la economía ha caído en picado y también necesitará de las ayudas estatales, las familias, tres cuartos de lo mismo.

¿A que nos lleva todo esto? Pues precisamente a lo contrario que necesitamos. A perder masa muscular en nuestro Producto Interior y a necesitar importar más. O sea, a desequilibrar a peor los pagos.

Entiendo todo el esfuerzo que el estado está realizando para mantener un país, que a la vista de todo lo acontecido, esta quebrado, pero también entiendo a la oposición que le exige moderación en el gasto.

Entiendo a los autónomos que, sin facturar durante estos meses, tienen que pagar sus cuotas, muchas veces teniendo que quitar ese importe de la boca de sus familias a las que les cuesta darles de comer.

Entiendo a las miles de familias que se han visto afectadas por los despidos, temporales o totales, y que tampoco pueden hacer frente a sus gastos vitales.

La verdad es que no quisiera estar en la piel del gobierno porque el dilema que tienen que resolver es muy difícil, pero por otra parte tampoco estoy de acuerdo con una gestión que no soluciona nada.

Entiendo que toda medida destinada a paliar desgracias sociales, mediante incremento del gasto público, debería venir acompañada de otra medida que permitiera recaudar lo suficiente para que este gasto quedara compensado, y por el momento estas medidas no las veo por ningún lado.

No me gusta extenderme tanto en mis escritos, porque los posibles lectores se asustan ante tanto texto y no los leen, por ello voy a dejar este tema aquí, a la espera de posibles comentarios que permitan seguir desarrollándolo, sin que se haga tan pesado.


miércoles, 10 de junio de 2020

¡Que difícil me lo ponéis!

Todos los que leéis mis escritos, tanto en mis diferentes webs, como las redes sociales, sabéis que suelo ser defensor del comercio local frente a los que pululan por Internet, a pesar de conocer las ventajas e inconvenientes de unos y otros.

Pues bien, esta mañana, como tantas otras, he ejercido de abuelo.

¿En qué consiste esto? y ¿qué tiene que ver con el comercio?, me preguntaréis.

Pues muy fácil, consiste en ayudar a mi hija un rato, cuando está sola, en el cuidado de sus hijos, mis nietos, y en cuanto al comercio, lo que tiene que ver os lo cuento.

A una hora prudencial, cuando el sol ya quería asomar por encima de las cornisas de los edificios de Villarreal, para que no hiciera demasiado fresco, hemos salido a pasear con los nietos.

Como cada día, no solemos tener un rumbo fijo, pero a mi hija se le ha ocurrido comprarles un artículo para niños, que no voy a mencionar para no delatar ni siquiera a que tipo de comercio me refiero. Pues bien, nos hemos dirigido tranquilamente, sin prisas, hacia la tienda elegida, con la sorpresa al llegar a su puerta de encontrarnos la reja echada. Eran algo más de las 10 de la mañana, si el hecho de que estuviera cerrado ya nos ha sorprendido, más aun el letrero que anunciaba el horario de apertura, que venía a decir que por la mañana abrían a las 11 y por la tarde ‘algunas tardes…’ no recuerdo la hora.

Evidentemente cada uno puede abrir y cerrar cuando quiera, y eso es lo que le he argumentado a mi hija, ella, que es más de comprar por Internet, me ha contestado que podría comprar el mismo artículo, en la misma tienda, por la red (sería otra forma de comprar en el pueblo), pero que esa no tiene tienda virtual, por lo que iba a perder una venta.

Seguidamente, nos hemos dirigido a otro establecimiento, que tampoco voy a nombrar, en el que hace unos días intentó adquirir otro producto tecnológico que necesitaba, y que por lo disponer de él, le dijeron que se lo pedían. Mi hija, sabiendo que por la Web, en uno o dos días lo podía tener en casa, aceptó a regañadientes que se lo pidieran, pero bueno, todo sea por los comercios locales.

El caso es que hoy, no lo tenían, y lo que es peor, le han dicho que tenían problemas con el proveedor y que lo comprara donde lo encontrara.

De camino a casa, comentando las dos compras fallidas, mi hija me ha comentado con socarronería… ¡Qué difícil te lo ponen!

sábado, 30 de mayo de 2020

Imprudencias frente a la nueva normalidad.

Muchas imprudencias se están produciendo durante las fases de desescalada por la gente ávida de alcanzar la 'nueva normalidad'.

Hay que ser conscientes de que esta anunciada normalidad, nos es aun desconocida, y por tanto habrá que construirla modificando la habitual, corrigiendo los errores que nos exponen a contagios, tanto del actual coronavirus, como de los que, probablemente, nos seguirán importunando.

Los gobiernos, asesorados por los virólogos y especialistas, marcan las líneas a seguir que la lógica y la poca experiencia acumulada sobre este tema, les dictan como correctas, pero ante las inevitables dudas, y por estar en juego vidas humanas, estas medidas siempre pecarán de demasiado prudentes y, por tanto, restrictivas.

La picaresca y la irresponsabilidad, malas consejeras, empujan a las personas a ajustar sus propias líneas de seguridad, mucho más laxas que las del gobierno, lo que en algunas ocasiones lleva a nuevos repuntes en los contagios, pero en otras, por suerte o porque es así, no pasa nada.

Sin querer animar a nadie a saltarse las normas del gobierno, sí que entiendo que a la larga, será este quien deberá ir soltándonos de la mano para que actuemos de forma responsable por nosotros mismos, y para llegar a este punto, será el propio gobierno quien tenga que basarse en la experimentación a base de prueba y error, siendo este el método que irá delimitando las fronteras de la seguridad.

Igual estas irresponsabilidades de que hablábamos al inicio de este escrito, le van sirviendo a quién tenga que tomar las decisiones oportunas, para ver como va evolucionando la pandemia en estos grupos que saltándose las normas, se exponen voluntariamente a unos contagios, que si bien en ocasiones resulta fatal, en otras no lo es tanto y poco a poco van abriendo las puertas a esta ‘nueva normalidad’ mucho más parecida a la que veníamos disfrutando durante toda nuestra vida.

En cualquier caso, ya digo que no debemos aconsejar ni fomentar actuaciones ni reuniones contra las recomendaciones de los expertos. Yo no pienso saltármelas, al menos, conscientemente.

jueves, 14 de mayo de 2020

La crispación en la sociedad actual

Estaba pensando en la deriva que esta tomando la sociedad hacia la crispación y la discordia y me pregunto a que se debe esto.

Veo que, en general todo gira alrededor de la política, los políticos y sus medidas de cualquier índole. Da lo mismo que sean económicas, sociales, sanitarias, fiscales,… Siempre hay gente a favor y gente en contra, y lo que es peor, gente que se dedica a encender los ánimos de unos y otros para que las discrepancias se conviertan en enfrentamientos, de momento dialécticos y esperemos que, como mucho, queden en eso.

Políticos siempre los ha habido, en el gobierno y en la oposición, pero estas confrontaciones a cara de perro que hay en la actualidad, nunca se había vivido, ni en el senado, donde se supone que debe haber personas con una valía y educación sobre la media, ni en la calle, donde cada uno comenta con sus grupos de amigos, con los que se supone que no puede, ni debe, ni quiere discutir.

¿Qué nos lleva a tomar partido hacia uno u otro lado, como si la vida nos fuera en ello?

Entiendo que el primer factor es la educación. La educación suele llevar aparejado el respeto hacia los demás, y una y otro, nos permitirán plantear nuestras ideas y defenderlas frente a las opuestas, pero siempre dentro del marco que los delimita. Es decir, no saltaremos la frontera del respeto y si viene el caso de tener que hacerlo, preferiremos dejar el debate. La categoría del debatiente es llegar lo más lejos posible es su defensa sin faltarle al contrincante, ni siquiera a las terceras personas de las que se puede estar hablando.

Si esto lo tenemos asumido, ni siquiera el siguiente factor nos debería alterar.

El segundo factor serían los estímulos externos. Aquí englobaríamos en primer lugar, como más increpante, las redes sociales y en segundo lugar las fuentes de información tendenciosas. Es decir, la prensa y la televisión marcadas por un color político al que defienden por encima del bien y del mal.


Es normal que toda persona tenga una tendencia política, por la educación recibida, por su experiencia, por su economía, incluso por sus creencias religiosas, esta ideología, que está latente en la persona, en ocasiones, necesita de muy pocas chispas para tomar calor y prender.

Las noticias subjetivas en periódicos, radio o televisión, nos ponen la caldera a punto de ebullición, pero son las redes sociales, las que suman el punto de calor que las hace estallar. Esto, añadido a la posibilidad de contragolpear rápidamente, nos pone en bandeja el cuadrilátero donde lidiar el combate contra quienes piensan diferente.

Y como los ejemplos que vemos en los programas de debates de la caja tonta, no son mejores, aun nos envalentonamos más y somos capaces de proferir los insultos más rebuscados e hirientes.

Visto lo visto, no me gustaría que esto sirviera para justificar los malos modos en los debates, más bien quisiera que, conocido el origen del problema, fuéramos capaces de sortear las puyas que nos puedan lanzar y responder con conocimiento, sabiduría y humildad.

jueves, 7 de mayo de 2020

Ayudas al comercio local por el Covid-19

Siempre he sido de los que han criticado la subida del IBI propuesta para este año por el equipo de gobierno, entre otras cosas porque no la veía justificada, pero la actual crisis que se cierne sobre el pueblo hará necesarias una serie de medidas que ayuden a los comercios locales. Y cuando digo locales, me refiero a los nacidos y acaudillados por familias empadronadas en Villarreal.

Los grandes centros comerciales, generan empleo, pero sus necesidades no serán tan acuciantes como las de las pequeñas tiendas locales.

No sé si el Ayuntamiento tendrá previsto algún tipo de ayuda, si tendrá el remanente suficiente para atenderlas, ni las urgencias o necesidades que tendrán los comercios, pero, a fin de que en caso necesario pudieran darse, yo estaría dispuesto a aceptar esa subida del IBI propuesta, incluso más, de forma transitoria, a fin de que lo recaudado por el incremento, se destinara a los comercios, para que pudieran remontar del vuelo.

No debería ser una entrega a fondo perdido, sino que el comercio debería devolver el valor del importe percibido en mercancías a los vecinos, que pagarían con vales entregados por el Ayuntamiento, por valor del porcentaje de IBI destinado a las ayudas, y siempre que el comercio tuviera saldo a favor, es decir, que hubiera percibido más de lo que ha entregado.

Lo que se conseguiría con esto es que el comercio dispondría de efectivo para relanzar la actividad, y que los vecinos, a fin de aprovechar los vales, compraríamos en las tiendas locales, con lo que las conoceríamos y posiblemente volveríamos.

Al final todo cuadraría, los contribuyentes no habrían perdido ese incremento del IBI, y los comercios habrían obtenido el beneficio de la venta más los posibles clientes.

Son cosas que se me ocurren, igual no es buena idea, o quizá el importe que se recaudaría no sería el suficiente para ayudar a todos los comercios que lo solicitaran, o simplemente hay que darle algunas vueltas para hacerla viable.

Las cabezas pensante del Ayuntamiento pensad 5 minutos en ello. Tampoco es tanto.


sábado, 25 de abril de 2020

El debate como asignatura.


La proliferación de las redes sociales hace que, cada vez más, interactuemos por escrito con personas de toda índole, bien por ser amigos, conocidos o simplemente integrantes de un mismo grupo de opinión.

El lenguaje oral, apoyado de gestos y expresiones, matiza de diferente modo nuestros comentarios, pudiendo permitirse el lujo de ser menos correcto y más coloquial en sus expresiones, sobre todo cuando existe una estrecha relación de amistad entre los contertulios.

Así, es habitual intercalar expresiones soeces y malsonantes entre las frases, que el receptor del mensaje podría interpretar como una falta de respeto, incluso un insulto, si esto se vertiera por escrito, sin que ello perjudique el mensaje.



Si importante es la ortografía y la gramática en las expresiones escritas, tanto o más lo es la manera con que expresamos nuestras ideas. La claridad y la concreción, sin perdernos en divagaciones que alarguen su lectura y difuminen la idea que queremos expresar, son cualidades que el lector suele apreciar.

Evidentemente, también la educación a la hora de expresarnos. Salvo contadas excepciones, y en ámbitos muy familiares o de amistad, las muletillas, los vocativos o adjetivos peyorativos, no deberían tener cabida en este lenguaje, salvo que, realmente, se pretenda ofender al receptor del mensaje.

Si en una conversación al uso, los temas suelen ser próximos a alguno de los participantes, salud, trabajo, aficiones,… en un debate propiamente dicho, los temas suelen ser ajenos a los mismos, aunque ambos deben tener formada una opinión, como la política, el arte, la religión,…

Lo habitual es que una parte se posicione a favor de alguna idea defendiéndola, y por el contrario la otra parte, en contra, la rebata.

Pero es demasiado frecuente, y por eso de la propuesta del debate como asignatura, encontrarnos enfrascados en algunos, en que en un momento dado, uno de los participantes se queda sin argumentos, y en lugar de defender su posición, pasa a atacar a la persona contraria, entrando en descalificaciones que perjudican el debate, cuando no lo cortan de raíz.

Igualmente incorrecto, es intentar desmontar la postura contraria con argumentos que nada tienen que ver con el tema tratado.

En fin, dado que cada día, los medios de comunicación nos permiten interactuar con más y más personas, no estaría mal que estos intercambios de ideas y opiniones fueran lo más correctos posibles, para que en lugar de generar antipatías por quien piensa diferente, ayudara a fomentar el respeto y la aceptación de estas personas con ideas contrapuestas a las nuestras.

domingo, 22 de marzo de 2020

Crisis coronavirus


Hace tiempo que tengo medio abandonada esta página porque si tengo algo que decir sobre Villarreal lo suelto en Facebook y obtengo el feedback al instante. Es lo que tienen las redes sociales, la inmediatez.

Estos días he estado comentando ideas sueltas que se me iban ocurriendo sobre la pandemia que nos acecha desde el 31 de enero en que se produjo el primer caso en España. Se trató de un paciente ingresado en La Gomera.

Quizás el Gobierno tardó demasiado en reaccionar y cuando quiso implantar las medidas restrictivas, el contagio era tal que los positivos comenzaron a crecer de forma exponencial, y digo positivos porque si quisiéramos hablar de infectados, las cifras podrían ser mucho más alarmantes, ya que estimo, sin ninguna base estadística, que los infectados podrían representar el doble de los confirmados. La ‘suerte’, por denominarlo de algún modo, es que la gente sin patologías previas, puede pasar la infección asintomáticamente, o como si de una gripe común se tratara, pero aunque ellos no lo sufran, si que lo transmiten, por ello ese crecimiento tan desmesurado.

A pesar de que no quiero poner el foco de este escrito en el Gobierno, porque aunque hubiera sido otro, los resultados hubieran sido similares, si que he de reconocer que, si el conocimiento que ahora se supone que tenían de lo que se nos venía encima es cierto, lo han hecho fatal. Medidas tardías, poco restrictivas y mal aplicadas.

En cualquier caso, la primera medida que nos implica a la población en general, tanto infectados como sanos, es la de quedarnos en casa.

Es una instrucción muy fácil de entender y de cumplir, salvo casos especiales, que siendo muchos, no son tantos como queremos hacer ver con nuestras trampas e intentos de burlar la norma.

No entiendo que se pretende con saltarse la norma tan a la ligera. Los hay que se pasarían el día con el perro por la calle, los hay que van todos los días a la compra de alimentos o medicamentos y no hablemos de los que se han desplazado a sus segundas residencias en la playa, provenientes de zonas de alta concentración de infectados.

Es sobre estos sobre los que quiero incidir a la hora de culpar de muchas de las muertes producidas y que se seguirán produciendo, pues sobre el Gobierno, que no quiero exculpar lo más mínimo, ya habrá otros que pondrán el acento. Si al final hubiera un proceso para depurar las responsabilidades, deberían incluirse a estos inconscientes como acusados y hacerles pagar, en lo posible el mal que han hecho, o al menos que quede constancia de su culpa.

En fin, no tengo más que pediros que, mientras dure esto, os quedéis en casa.

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