En España, hablar de la Guerra Civil Española es una actividad de riesgo. No por lo que pasó —que también—, sino por lo que pasa hoy: en cuanto abres la boca, alguien decide en qué bando estás.
Es curioso, porque han pasado casi noventa años, pero hay quien opina con una seguridad que ni los protagonistas de entonces.
Si uno se toma la molestia de leer a historiadores como Pierre Vilar, descubre algo incómodo: que aquello no fue una película de buenos y malos, sino un país lleno de problemas que nadie supo arreglar.
Había desigualdad, tensiones sociales, miedo, orgullo… y bastante torpeza colectiva.
Luego vino la Segunda República Española, que intentó cambiar las cosas. Pero pasó lo que suele pasar en España: para unos era demasiado, para otros demasiado poco. O sea, el consenso duró lo que dura un caramelo en la puerta de un colegio.
El historiador Santos Juliá lo explicaba de forma más fina: el problema fue que dejamos de ver al otro como adversario y empezamos a verlo como enemigo. Y cuando eso ocurre, discutir ya no sirve; solo queda imponerse.
Y ahí entra Paul Preston, que añade un detalle nada menor: hubo quienes, en vez de aguantar el tirón, decidieron romper la baraja. El golpe militar de 1936, con figuras como Francisco Franco, no cayó del cielo, pero tampoco era la única salida.
Fue, digamos, la peor.
Así que no, la Guerra Civil no fue inevitable. Pero tampoco fue un accidente sin explicación. Fue más bien el resultado de hacer muchas cosas mal… durante demasiado tiempo.
Lo llamativo no es eso. Lo llamativo es que hoy, desde el sofá y con wifi, haya quien simplifique todo aquello en un eslogan de trinchera, como si la historia cupiera en un tuit y medio.
Quizá el verdadero problema no sea lo que pasó en 1936, sino lo poco que hemos aprendido desde entonces.
Porque si algo enseña la historia —cuando se quiere escuchar— es que los países no se rompen de un día para otro. Se van rompiendo poco a poco… mientras cada uno está convencido de que tiene toda la razón.
Y en eso, conviene reconocerlo, seguimos siendo bastante españoles.


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