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miércoles, 7 de octubre de 2026

La deuda pública: el precio de vivir por encima de nuestros ingresos

Hay una cuestión que, a mi juicio, debería preocuparnos mucho más cuando hablamos del futuro de España: la deuda pública.

No porque endeudarse sea siempre malo. Una familia puede pedir una hipoteca para comprar una vivienda y una empresa puede endeudarse para realizar una inversión. El problema aparece cuando la deuda se convierte en una forma permanente de financiar gastos y, además de devolver el dinero prestado, tenemos que dedicar cada vez más recursos a pagar sus intereses.

Y España lleva muchos años acumulando deuda.

¿Cuánta deuda tenemos?

Según los últimos datos disponibles del Banco de España, en julio de 2026 la deuda de las Administraciones Públicas alcanzaba 1,744 billones de euros, aproximadamente el 99,9 % del PIB. Es decir, una cantidad prácticamente equivalente a todo lo que produce la economía española en un año. Banco de España

Es verdad que la situación ha mejorado respecto al máximo alcanzado después de la pandemia. La ratio de deuda sobre PIB llegó a superar el 120 % y posteriormente ha descendido. La propia AIReF señala que desde el máximo posterior a la pandemia se ha producido una reducción de 22,6 puntos de PIB. Airef

Pero hay un matiz importante:

que baje la deuda en porcentaje del PIB no significa necesariamente que debamos menos euros.

En julio de 2026 teníamos aproximadamente 1,744 billones de euros de deuda, y esa cantidad seguía creciendo un 3,8 % interanual. Banco de España

Esto merece que nos detengamos a pensarlo.


El problema no es solamente la deuda. Es lo que cuesta mantenerla.

Toda esa deuda tiene un precio: los intereses.

La AIReF prevé que el gasto por intereses alcance aproximadamente el 2,5 % del PIB en 2026 y también en 2027. Además, advierte de que el endurecimiento de las condiciones de financiación hará que el coste aumente progresivamente. Airef

Y aquí tenemos que hablar de dinero real.

En los ocho primeros meses de 2026, el Estado ya había pagado 25.955 millones de euros en intereses, un 11,4 % más que en el mismo periodo del año anterior. Ministerio de Hacienda

Si la previsión de AIReF para todo el conjunto de las Administraciones Públicas se cumple, estaremos hablando de del orden de 47.000-48.000 millones de euros anuales destinados a pagar intereses.

No estamos hablando de devolver la deuda.

Estamos hablando solamente de pagar el precio de haberla contraído.


¿Qué significa esto para un ciudadano?

Si dividimos aproximadamente 47.500 millones entre unos 49 millones de habitantes, obtenemos alrededor de:

970 euros por habitante y año.

No quiere decir que cada español reciba una factura de 970 euros. Es simplemente una manera de comprender la dimensión del problema.

Es como decir:

Cada año destinamos una cantidad equivalente a unos 970 euros por habitante solamente a pagar los intereses de la deuda pública.

Y esos intereses no construyen una carretera.

No pagan una pensión.

No financian una escuela.

No construyen un hospital.

No son una inversión nueva.

Son el coste financiero de decisiones de gasto y endeudamiento tomadas en el pasado.


Y aquí aparece el verdadero problema

Imaginemos que España consigue reducir poco a poco su déficit y deja de aumentar la deuda.

Sería una buena noticia.

Pero todavía tendríamos que seguir pagando los intereses de los aproximadamente 1,7 billones de euros acumulados.

Y si los tipos de interés permanecen elevados, ese coste puede aumentar.

La AIReF explica que el efecto de los tipos de interés no se traslada inmediatamente a toda la deuda porque España tiene una cartera con una vida media elevada. Por eso una subida de tipos se transmite progresivamente conforme se refinancia la deuda que vence. Airef

Esto es importante porque evita una exageración muy habitual:

una subida de un punto de los tipos no significa que mañana España vaya a pagar 17.000 millones más.

Pero nos permite comprender la magnitud del riesgo.

Si, hipotéticamente, un incremento de un punto porcentual acabara trasladándose al conjunto de una deuda de unos 1,74 billones:

1,74 billones × 1 % ≈ 17.400 millones de euros.

Es una simple referencia matemática, no una previsión.

Pero sirve para comprender algo:

Cuanto mayor es la deuda, mayor es nuestra sensibilidad a los tipos de interés.


¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

La evolución histórica ayuda a entenderlo.

Según el Banco de España, la deuda pública española estaba alrededor del 39 % del PIB en 2007.

Después llegó la crisis financiera:

  • 2007: 39 %
  • 2010: 53 %
  • 2012: 70 %
  • 2014: 100 %
  • 2015: 104 %
  • 2019: 98 %
  • 2020: 118 %
  • 2024: 102 %
  • 2025: 100,7 %
  • julio de 2026: 99,9 %. Banco de España

La pandemia provocó otro enorme salto.

Y aquí conviene ser justos: no todo el incremento de deuda tiene la misma explicación ni puede atribuirse a un único Gobierno. Crisis financieras, pandemia, caída de ingresos, medidas extraordinarias y déficits acumulados han tenido un papel importante.

Pero precisamente por eso debemos mirar hacia adelante.


¿Tenemos que eliminar la deuda?

No.

Y sería poco realista plantearlo así.

Una economía moderna puede convivir con deuda pública.

La cuestión importante es otra:

¿Podemos permitirnos que la deuda siga creciendo indefinidamente?

Ahí está el debate.

Porque mientras tengamos una deuda elevada tendremos que dedicar una parte importante de nuestros impuestos a pagar intereses.

Y ese dinero no puede utilizarse simultáneamente para otra cosa.

Es lo que los economistas llaman el coste de oportunidad.


El objetivo debería ser reducir progresivamente la deuda

No estoy hablando de hacerlo de golpe.

Tampoco de dejar de invertir.

Ni de eliminar servicios públicos esenciales.

Y mucho menos de defender que cualquier reducción del gasto sea buena por definición.

Estoy hablando de algo mucho más sencillo:

España debería intentar gastar, de forma estructural, menos de lo que ingresa.

Cuando la economía crezca, una parte de ese crecimiento debería utilizarse para reducir la deuda.

Cuando haya años buenos, deberíamos aprovecharlos para crear margen para los años malos.

Y cuando sea necesario endeudarse para realizar una inversión importante, deberíamos preguntarnos si esa inversión permitirá aumentar la capacidad productiva y el bienestar futuro, en lugar de utilizar deuda simplemente para financiar gasto corriente.


Porque la deuda de hoy es el presupuesto de mañana

Esta es, probablemente, la idea que más me interesa transmitir.

Cuando un Estado se endeuda, no desaparece el coste.

Lo desplaza hacia el futuro.

Nuestros hijos y nuestros nietos tendrán que pagar los intereses y, llegado el momento, devolver el principal o refinanciarlo.

Y cuanto mayor sea la deuda, menor será el margen que tendrán los futuros gobiernos para enfrentarse a una crisis, una recesión, una guerra, una pandemia o cualquier otra emergencia.

Por eso reducir la deuda no debería ser una cuestión de izquierdas o de derechas.

Debería ser una cuestión de responsabilidad intergeneracional.


Una frase para recordar

Podríamos resumir todo este asunto en una sola frase:

"No se trata de dejar de gastar. Se trata de no convertir el endeudamiento permanente en una forma de vida."

Porque si cada año necesitamos endeudarnos para pagar parte de nuestros gastos y, además, necesitamos pagar decenas de miles de millones en intereses por la deuda acumulada, llegará un momento en que una parte creciente de nuestro esfuerzo económico estará dedicada simplemente a mantener las obligaciones del pasado.

Y entonces sí podremos decir que estamos trabajando cada vez más para pagar los intereses de lo que ya nos hemos gastado, en lugar de utilizar nuestros recursos para construir el futuro.

La deuda puede ser una herramienta. Pero no debería convertirse en nuestra forma habitual de financiar el presente.

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