Hace algo más de 30 años que dejé de participar en la, por aquel entonces, Cabalgata de la Naranja, y cuando digo que dejé de participar lo digo en todos los sentidos.
Por una parte saliendo en la misma, en mis tiempos de miembro de la “Penya Calentura 86”, por otra como simple espectador.
Hoy la he visto, y por decirlo de un modo educado y sin ofender a nadie, les diré que no me parece un espectáculo (no puedo llamarlo Cabalgata) digno de nuestra ciudad.
Aun cuando la participación es bastante masiva, y la gente se divierte, que al fin y al cabo creo que es lo que se pretende; las carrozas y los disfraces siguen siendo tan pobres y poco originales como siempre, algunos de mal gusto y los temas demasiado repetitivos.
Da la impresión de que lo único que se pretende con la “cabalgata” es que los participantes paseen sus borracheras por delante de todo el pueblo, ya que creo que sin ir con algún cubata de más, nadie saldría.
Una cabalgata debería ser algo más. Entiendo que debería comenzar por una buena organización. En estos momentos da la impresión que lo que hay es ordenación.
La organización debería exigir, con una antelación suficiente que cada grupo participante indicara cual va a ser el tema central de su carroza, y cual va a ser el presupuesto a invertir en los elementos decorativos que van a componer la estampa.
A medida que vaya pasando el tiempo, habría que ir supervisando que las intenciones se cumplen, y que la idea original va tomando forma.
De este modo se garantizaría que no hubiera temas repetidos, que las plataformas llevaran algo encima parecido a una carroza y no cuatro tablas de madera con más o menos letreros con las correspondientes críticas, que los disfraces fueran de buen gusto.
Por supuesto, el grupo que no cumpliera con las expectativas de calidad mínimas establecidas, que no pudiera salir en el desfile.
Para todo ello, sería necesaria la aportación económica de las propias penyas, la subvención que el Ayuntamiento o la Comisión de Fiestas pudiera aportar e incluso la que se pudiera sacar de las empresas que voluntariamente quisieran colaborar, (podría ser a cambio de propaganda). Ya se que no corren buenos tiempos para lo que propongo, pero cuando lo eran tampoco se hacía.
Al final, de lo que se trataría es de conseguir un desfile, que si se ha apostado por que sea de crítica, que realmente se critique, pero con gusto. Que sea un referente provincial de la crítica, no como ahora, que da vergüenza que por las televisiones locales puedan vernos en otras poblaciones.



