Los anuncios que encontrará en esta página provienen todos del programa Adsense de Google, con la garantía que ello supone. Puede curiosear en ellos sin ningún problema y riesgo.

Plaza Mayor Villarreal le ofrece la promoción gratuita de su negocio per medio de:

https://pfont.eu/comercios

lunes, 19 de enero de 2026

Del Sáhara a Groenlandia: cuando la anexión depende del tamaño del amigo

Durante décadas nos explicaron que el Sáhara Occidental era un “problema complejo”. Tan complejo que Marruecos entró, se quedó y aquí no pasó nada. Complejo porque había resoluciones de la ONU que nadie pensaba cumplir, un referéndum que nunca llegaría y una Europa muy preocupada… por no incomodar a nadie. Con el tiempo, lo ilegal se volvió costumbre y la costumbre, normalidad. Hasta que Estados Unidos puso el sello final y dejó claro que el asunto estaba zanjado. Cuando habla el que manda, el derecho internacional se convierte en papel reciclable.

Ahora miramos a Groenlandia y fingimos sorpresa. Resulta que a EEUU le interesa una isla enorme, estratégica, llena de minerales y bien colocada frente a Rusia y China. Qué casualidad. Trump lo dijo sin rodeos y muchos se rieron, como si en Washington las cosas se dijeran por decir. Error de principiante. Allí no se bromea con mapas. Se habla claro para que el resto vaya asumiendo lo inevitable.

Aquí no hará falta una Marcha Verde ni fotos multitudinarias. EEUU juega en otra liga. Bases militares, acuerdos de “seguridad”, inversiones que crean dependencia y una presión constante, educada, sonriente. Nada ilegal, todo impecable. El resultado es el mismo que en el Sáhara, solo que sin polvo del desierto y con más hielo. Control sin ocupación, anexión sin palabra prohibida.

La encrucijada de la Unión Europea


¿Y Europa? Europa hace lo que mejor sabe hacer: declaraciones solemnes, algún despliegue militar para tranquilizar conciencias y muchas fotos de familia. Todo muy digno. Todo muy simbólico. Porque nadie se engaña: Europa no entraría en un conflicto bélico con Estados Unidos ni aunque Groenlandia desapareciera del mapa. No puede, no quiere y no sabe cómo. El famoso músculo europeo sirve para ejercicios conjuntos, no para enfrentarse al que paga la factura de la seguridad desde hace décadas.

En el Sáhara, Europa no fue capaz de defender el derecho internacional frente a Marruecos. En Groenlandia, ni siquiera se plantea hacerlo frente a EEUU. La diferencia no es jurídica ni moral, es puramente aritmética. Uno puede desobedecer las normas; el otro las redefine. Y Europa, como siempre, se adapta al nuevo texto.

Luego nos hablan de “autonomía estratégica”, de “valores europeos” y de “orden internacional basado en reglas”. Todo muy bonito, siempre que las reglas las escriban otros y los conflictos los asuman otros. Porque cuando llega la hora de elegir entre principios y conveniencia, Europa ya ha elegido demasiadas veces.

Y así seguimos: indignados de boquilla, armados de cartón piedra y convencidos de que la soberanía es sagrada… mientras no haya que defenderla frente al que realmente manda.

No hay comentarios:

Entradas populares