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domingo, 24 de mayo de 2015

24 de mayo de 2015

Dicen que, en una ocasión, un hombre de avanzada edad, que siempre había gozado de muy buena salud, cayo enfermo. 

Ninguno de sus hijos sabía, evidentemente, cual era el tratamiento que necesitaba su padre, por lo que cada uno propuso llamar a un médico, el que más confianza le merecía.

Los diferentes médicos consultados, con palabras grandilocuentes, explicaron la que a su parecer era la enfermedad del padre y el tratamiento que le aplicarían, y aunque coincidían en algunos puntos, también diferían sustancialmente en otros, por lo que los hijos, que no entendían demasiado bien las explicaciones, no terminaban de inclinarse por uno u otro.

Decidieron preguntar a los nietos del enfermo, ya que algunos de ellos habían estudiado, incluso había que se dedicaban a temas de salud y conocían a alguno de los médicos.

Reunidos de urgencia para tomar una decisión, cada padre defendía a su médico, y algunos de los hijos, por afinidad apoyaban a sus padres incluso sin saber ni entender lo que estos médicos proponían. Otros, entendidos en medicina se inclinaban por uno u otro en función de lo que creían que era lo mejor para su abuelo. Por último, algunos, reconociendo su desconocimiento y a fin de no influir en favor de uno u otro erróneamente, guardaron silencio.

Por fin, la opinión del padre con más hijos, gracias al apoyo de estos, se impuso, aun cuando entre ellos no había ninguno entendido en medicina.

El médico aplicó su tratamiento y el paciente falleció a los pocos días.

Si hubieran prestado atención a los nietos más capacitados en estos temas, quizá su abuelo hubiera vivido algunos años más.

Lo que quiero decir con esto es que, por más derecho a opinar que se tenga, si no se entiende del tema, quizá lo mejor es callar.

Si esto os parece más o menos acertado, pensad que el anciano podría ser España, los hijos podrían ser los partidos políticos, los médicos, los candidatos y los nietos los votantes.

Hay muchísimos votantes que no tienen ni idea de que es lo que votan, lo hacen porque siempre han votado a los mismos, por su situación económica o vete tu a saber por qué. Quizá esa gente debería reconocer humildemente que su voto, lejos de aportar valor a las elecciones, más bien se lo quitan y abstenerse.

domingo, 10 de mayo de 2015

Toros si, toros no.

La muerte de uno de los toros, acaecida durante una pelea entre ellos, antes de iniciarse el primer encierro de las fiestas de San Pascual, reabre el eterno debate sobre la celebración de espectáculos taurinos, en cualquiera de sus facetas.

Foto subida a Facebook por Carlos Amiguet

Las redes sociales, sobre todo Facebook, han permitido tanto a los defensores como a los detractores mostrar sus posturas y, evidentemente, no se llega a ninguna conclusión que satisfaga ambas partes.

Yo ya me posicioné en su día (http://plazamayorvillarreal.blogspot.com.es/2011/05/fiestas-con-toros.html), por lo que a nadie le sorprenderá que vuelva a defender al animal.

Por una parte unos intentan convencer a los otros de la barbaridad que supone hacer sufrir a estos nobles animales hasta la muerte, para regocijo de unas personas. El sufrimiento de un ser vivo nunca debería suponer un disfrute para otro, y menos cuando este otro se considera inteligente y sabe y comprende el dolor del otro.

 Por otra parte, los protaurinos argumentan:

- Quién no quiera verlo que no vaya.

¿Acaso creen que lo que no se ve no ocurre?. Los pobres toros sufren lo mismo, lo vean los antitaurinos o no lo vean. Aquello de “Ojos que no ven corazón que no siente” no sirve para estos casos.

- Que la raza de toros bravos no tiene sentido ni existiría si no fuera por la Fiesta.

Yo no se si existirían o no, pero en cualquier caso, maldita la gracia que tiene el hecho de existir para eso.

- Que los toros en el campo también se matan entre ellos.

También las personas nos matamos entre nosotros y eso o no lo convierte en un acto normal, bueno y justificable.

- Si no nos gusta la carne de toro.

Si que nos gusta, y la de cerdo, la de pollo, cordero.... pero ello tampoco justifica la muerte cruenta y violenta de estos animales, aun cuando soy consiente de que se sigue practicando, no implica que la apruebe. También en estos casos deberían sacrificarse con las garantías necesarias para que el animal no sufriera.


El cualquier caso, el debate sigue abierto y lo que si me voy dando cuenta es de que cada vez son más las personas que abogan por el final de la fiesta taurina, o al menos son más las que se atreven a manifestarlo abiertamente.
En línea:
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